Oaxaca de Juárez: entre las aspiraciones políticas y la responsabilidad de gobernar

"El turismo no puede entenderse como un asunto exclusivo de promoción: es una actividad transversal que depende de la calidad de la administración municipal"
En Oaxaca de Juárez comienza a repetirse una escena conocida: reuniones con empresarios, comerciantes, prestadores de servicios turísticos, representantes de colonias, organizaciones sociales y diversos sectores de la ciudadanía. En estos encuentros, distintos personajes del ámbito político manifiestan su interés por encabezar la próxima administración municipal. Las fotografías se multiplican, los discursos adquieren un tono cercano y las preocupaciones ciudadanas parecen ocupar, de pronto, un lugar prioritario en sus agendas.
Sin embargo, conviene preguntarnos: ¿estamos frente a un genuino ejercicio de escucha ciudadana o ante una estrategia anticipada de posicionamiento político?

La diferencia no es menor. Gobernar exige mucho más que construir relaciones públicas, proyectar una imagen amable o demostrar sensibilidad frente a los problemas cotidianos. Requiere capacidad técnica, integridad, conocimiento del territorio, experiencia en la gestión pública y, sobre todo, una trayectoria verificable de resultados.
La ciudadanía tiene razones para cuestionar a quienes hoy buscan su confianza, particularmente cuando existen antecedentes de incumplimiento, decisiones cuestionables, compromisos que nunca se materializaron o relaciones políticas y económicas que ameritan explicaciones transparentes. Los vínculos con personajes o grupos señalados por prácticas irregulares no deben convertirse automáticamente en sentencias, pero sí constituyen motivos legítimos para exigir claridad, rendición de cuentas y congruencia.
Los problemas de Oaxaca de Juárez son ampliamente conocidos: la gestión de residuos sólidos, el abastecimiento de agua, la calidad de los servicios públicos, la movilidad, el mantenimiento urbano y la atención que brindan las instituciones municipales. Cada aspirante puede presentar diagnósticos convincentes y propuestas atractivas. La verdadera prueba consiste en demostrar cómo, con qué recursos, mediante qué mecanismos y bajo qué indicadores pretende resolverlos.
La experiencia de sucesivas administraciones municipales también obliga a una reflexión incómoda: cada tres años se renuevan las expectativas, pero no siempre se transforman las condiciones de vida. La confianza depositada en las promesas termina, en ocasiones, diluida entre improvisación, opacidad, intereses particulares y decisiones que parecen privilegiar los beneficios económicos antes que el bienestar colectivo. Cuando el presupuesto público se convierte en una oportunidad para favorecer intereses privados, la función de gobernar pierde su sentido fundamental: servir a la sociedad.
En este escenario, resulta especialmente preocupante que el turismo permanezca frecuentemente relegado en la discusión municipal. Oaxaca de Juárez es un destino cuya economía depende significativamente de los servicios, la gastronomía, la cultura, el patrimonio, la artesanía y la actividad turística. No basta con promocionar su imagen o celebrar la llegada de visitantes. Se necesita una política integral que articule la conservación del patrimonio, el ordenamiento urbano, la seguridad, la limpieza, la movilidad, la profesionalización de los prestadores de servicios y el desarrollo económico de las comunidades y los negocios locales.
El turismo no puede entenderse como un asunto exclusivo de promoción: es una actividad transversal que depende de la calidad de la administración municipal y de la capacidad de convertir los recursos culturales y económicos en bienestar sostenible para la población.
Por ello, la pregunta relevante no es quién consigue más fotografías con los distintos sectores sociales, quién organiza más reuniones o quién comunica mejor sus aspiraciones. La pregunta es quién puede acreditar una trayectoria de resultados, quién ha demostrado disposición para escuchar incluso cuando no busca votos, quién responde por sus decisiones y quién está dispuesto a someter su actuación al escrutinio público.
Oaxaca de Juárez no necesita únicamente un nuevo rostro; necesita una nueva forma de entender la responsabilidad de gobernar. La ciudadanía debe aprender a distinguir entre la simpatía temporal y la confianza merecida, entre la promesa y la evidencia, entre la cercanía para la fotografía y la disposición permanente para servir.
REFLEXIONEMOS: el mejor perfil no será necesariamente el más visible, sino aquel cuya reputación esté respaldada por hechos, cuya conducta resista el análisis público y cuyo compromiso se mantenga cuando las cámaras se apaguen. Porque gobernar no es conquistar voluntades durante una campaña: es administrar responsablemente los recursos de todos, defender el interés colectivo y demostrar, cada día, que la confianza ciudadana no fue un instrumento para alcanzar el poder, sino la obligación más importante que este impone.
Juan Antonio Gómez Cárdenas
Especialista, académico y líder en el sector turístico mexicano, reconocido por su trayectoria en la planeación y gestión de turismo sostenible en estados como Oaxaca y Jalisco.
Ha encabezado organismos como el Colegio Internacional de Profesionales Especializados en Turismo y Gastronomía A.C. y la Asociación Mexicana de Profesionistas y Técnicos en Turismo en Oaxaca, además de coordinar áreas de desarrollo turístico en el ámbito local.
Licenciado en Turismo por la Universidad de Guadalajara, maestro en Educación por el Tecnológico de Monterrey y docente universitario.

**Las opiniones expresadas en esta columna son exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente la postura de Tinta Negra.










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