top of page

¿Y qué sigue después del show?

  • Foto del escritor: Ivette Del Río
    Ivette Del Río
  • 16 feb
  • 2 Min. de lectura
Columna: Casi todo es otra cosa

El pasado domingo Bad Bunny se presentó en el medio tiempo del Super Bowl, el escenario más visto del planeta. Durante días, su show fue analizado desde todos los ángulos: vestuario, coreografías, referencias culturales, guiños políticos, símbolos identitarios. Estás letras hoy no van por ahí. No es un ejercicio de disección semiótica de su puesta en escena, porque ese trabajo ya lo hicieron muchos y muy bien.


Pero si hablemos de la resonancia de los mensajes después del espectáculo. Aquí es donde cobra sentido Marshall McLuhan y su famosa sentencia: el medio es el mensaje. Empecemos por que el Super Bowl, como medio, no es neutral; es un dispositivo de entretenimiento masivo, corporativo, globalizado, diseñado para vender, unificar audiencias y convertir todo en mercancía. Por lo tanto, cualquier mensaje que circule dentro de ese canal llega ya enmarcado por esa lógica.


Bad Bunny trae consigo un historial de posicionamientos como la defensa de las comunidades migrantes, orgullo latino, críticas al racismo, a la violencia, a las estructuras que excluyen. En el Super Bowl, no necesitó repetirlas de forma explícita, su sola presencia, su cuerpo, su identidad, y sobre todo su idioma ya eran un posicionamiento.


Pero ¿qué pasa con esos mensajes después del show?


Por un lado, millones de personas hablan de migración, de representación, de racismo, de cultura latina. Eso importa, instala temas y sobre todo abre conversaciones. Pero, al mismo tiempo, el sistema que aloja esos discursos los absorbe, los estetiza y los convierte en parte del espectáculo.


Después del Super Bowl, vimos dos cosas: sectores conservadores molestos, y millones de jóvenes identificándose, defendiendo, compartiendo. Esa fricción es relevante. Significa que el mensaje tocó fibras. Pero tocar fibras no es lo mismo que transformar realidades.


Entonces, más que preguntarnos si Bad Bunny “fue suficientemente político” en su show, la pregunta incómoda es otra: ¿qué hacemos nosotros con lo que él pone sobre la mesa? Pero como casi todo es otra cosa, ahora lo importante es qué decidimos hacer con lo que el Conejo Malo nos dejó.

Comentarios


Historias del día

bottom of page