¿Una derecha feminista?
- Ivette Del Río

- 14 may
- 2 min de lectura
Columna: Casi todo es otra cosa

La visita de Isabel Díaz Ayuso presidenta de la Comunidad en Madrid a México destapó heridas, debates y temas pendientes entorno a la lucha feminista. Hubo reuniones con liderazgos panistas, encuentros con sectores empresariales, fotografías con figuras de oposición y un discurso claramente alineado con las nuevas derechas iberoamericanas las que marcaron su agenda pública. Pero más allá de la política internacional o de los guiños ideológicos, hubo una frase que llamó especialmente la atención: la alcaldesa de la Cuauhtémoc, Alessandra Rojo de la Vega defendió el homenaje a Ayuso asegurando que “no hay feminismos de izquierda ni de derecha, hay feminismo de las mujeres”.
¿De verdad dijo eso?
La frase parece conciliadora, moderna, incluso estratégica, la verdad sueña bien en términos discursivos porque intenta colocar al feminismo como una causa universal desligada de posiciones ideológicas. El problema es que la historia, la teoría política y sobre todo la realidad nos dicen otra cosa.
Porque aunque es cierto que las mujeres no piensan igual, no votan igual y no todas militan en la izquierda, también es cierto que los mayores avances históricos en derechos para las mujeres han venido acompañados por movimientos progresistas, de izquierda y de lucha social. El derecho al voto, la despenalización del aborto, las licencias de maternidad, las políticas de cuidados, las cuotas de género, el matrimonio igualitario o la lucha contra las violencias machistas no nacieron precisamente desde agendas conservadoras.
Y ahí está la contradicción de fondo.
¿Puede existir una derecha feminista? O tal vez deberíamos preguntarnos si ¿puede una ideología que históricamente ha defendido estructuras conservadoras sobre el cuerpo, la familia y los roles de género asumirse realmente feminista?
Por eso resulta imposible ignorar que muchas de las nuevas derechas en el mundo incluyendo referentes cercanos a Ayuso, han construido su narrativa precisamente en oposición a agendas feministas. Lo vemos en discursos contra la “ideología de género”, en ataques a políticas de diversidad, en la resistencia al derecho a decidir y en la defensa de modelos tradicionales que limitan libertades. Porque detrás de la idea de una “derecha feminista” muchas veces se esconde un intento de vaciar al feminismo de contenido político para convertirlo en una categoría cómoda, neutral y adaptable a cualquier proyecto, como lo vemos actualemnete en México, incluso con la izquierda.
Decir que “no hay feminismo de izquierda ni de derecha” puede sonar políticamente correcto, pero también borra décadas de luchas impulsadas precisamente por movimientos progresistas que entendieron que los derechos de las mujeres no eran temas secundarios, sino transformaciones profundas del orden social.
Y aunque casi todo es otra cosa, lo cierto es que el feminismo no es solo una identidad, es una disputa política, que no nació para ser cómodo, porque sí, aunque hay mujeres en todos los espectros ideológicos, no toda agenda encabezada por mujeres es feminista.










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