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Hilar el mundo | La actitud humana ante el cambio de época

Foto del escritor: Nidia Esteva
Nidia Esteva
29 jul
4 min de lectura
“Ante la pobreza, la marginación, la destrucción ecológica, las violencias de todo tipo y el abuso de poder, nos ha faltado la dignidad de encararlo, pararse enfrente de ello y preguntarnos desde qué refugio y con qué actitud vivimos este cambio de época”.

La cabeza hacia abajo, enfocando la mirada en una pantalla de apenas seis pulgadas en promedio y una espalda encorvada, esa es la postura de millones de seres humanos frente a la IA. Sin mirarse entre ellos, escucharse u olerse. ¿Qué actitud humana existe ante el cambio de época?


Actitud humana. Adaptación digital de Esperanza (1886) de George Frederic Watts.
Adaptación digital de Esperanza (1886) de George Frederic Watts. Modificada mediante software de inteligencia artificial

Etimológicamente, "actitud" viene del italiano attitudine, que a su vez deriva del latín tardío aptitudo (aptitud, disposición). También se extendió su uso como una expresión usada en las artes visuales para describir en una pintura o una escultura el estado del alma.


El tema del mundo invadido por la IA domina la agenda pública: desde la encíclica de León XIV, Magnifica Humanitas, dedicada a los efectos de la Inteligencia Artificial sobre la dignidad humana, firmada el 15 de mayo de 2026, pasando por nuestro acceso a los servicios básicos (agua, luz, Internet), más el celular y la conversación con nuestros vínculos íntimos determinados por un algoritmo.


Esto es un cambio de época, algo inevitable, mientras las universidades, los gobiernos, las iglesias, la convivencia humana están planteando qué hacer. Entonces, si la actitud es la postura del alma, propongo enriquecerla con algunos gestos humanos: el olfato, la música y las ganas de sembrar.


Me cuestiono si el ser humano realmente reflexiona sobre su papel en este umbral. Buscando respuestas, llegué a Refugio, de Olga Tokarczuk. A través de su diálogo imaginario con una IA en el tiempo, comprendí que no tenemos una actitud ante el cambio, sino apenas una postura sumisa, cabizbaja. En este momento, después de que la imprenta desarrolló el estímulo visual sobre el oído, la pantalla lo ha radicalizado.


La IA privilegia el lenguaje corto, breve y sesgado, sobre todo lo demás. En la actitud que parece asomarse en ese tipo de texto está el olfato, eso que se queda como testigo mudo de lo que no se puede digitalizar. Las grandes ciudades apestan literalmente en muchos de sus espacios públicos, y los transeúntes parecen ser indiferentes. Lo que nos toca hacer es una pequeña parte para no acabarnos el mundo, sumar el olfato a la actitud.


Koselleck, historiador alemán, decía que la modernidad nace cuando el "espacio de experiencia", es decir, lo que se ha vivido, deja de servir para predecir el "horizonte de expectativa". Ahora mismo, cuando sólo intuimos los cambios que ya se están viviendo, no nos atrevemos a decir que una época se acabó y a pensar lo que esto significa para bien y para mal. Ni siquiera nos atrevemos a debatir con los que piensan diferente, anteponiendo la actitud tolerante para encontrar mejores respuestas. Hoy es cuando debemos hablarnos de frente y a los ojos, con respeto, sin discursos de odio.


A este momento histórico le haría bien no perder la música, una melodía que nos devuelva la postura, que transforme la actitud humana, que la integre como lo haría un ritmo tradicional, porque la música ha viajado de territorio en territorio fundiéndose entre sí. Por ejemplo, la chilena oaxaqueña y la cueca chilena que llegó a la costa chica del sur de México a mediados del siglo XIX traída por marineros chilenos que iban rumbo a la fiebre del oro de California. Desembarcó aclimatándose, y hoy es tan de la costa oaxaqueña como del austral Valparaíso. Hay un hilo invisible entre el gozo y la nostalgia de Pinotepa de Álvaro Carrillo y Volver a los diecisiete de Violeta Parra.


Algunos dirán que toda generación siente que su mundo se acaba. Gramsci lo dijo con una conocida frase que muchos citan: “El viejo mundo se muere y el nuevo lucha por nacer: ahora es el tiempo de los monstruos”. En este momento en que pareciera que una época ha quedado atrás no nos hacemos cargo de lo que monstruosamente hemos destruido.


Así, a la actitud debe agregarse las ganas de sembrar. Hay un fragmento en Refugio que hace alusión a que en esa época futura la tierra aún no estaba lista para recibir la lluvia. Ojalá tuviésemos más paciencia y ganas de sembrar.


Ante el cambio brutal que representa el fin de una época no necesitamos huir sino fortalecer la disposición de estar presentes. No necesitamos bajar la cabeza y ver la pantalla: necesitamos mirarnos a los ojos y mirar el paisaje, aunque apeste y nos queme caminar en el asfalto.


La actitud incluye darnos cuenta de que el mundo en varios sentidos se está derrumbando, que no sólo es el reel de un río contaminado, que no sólo es la hambruna en lugares donde la sequía es atroz, sino también el no olvidar a qué huele la naturaleza y no cambiar ese aroma por esencias sintéticas. Hacerlo sería como perder la memoria olfativa.


Toda época que termina necesita refugio para resistir, memoria para contar lo vivido y sembrar el futuro sin dejar de participar y sentir el mundo actual. Se requiere actitud, postura; una que confíe en que a la humanidad todavía le queda alma. Ante la pobreza, la marginación, la destrucción ecológica, las violencias de todo tipo y el abuso de poder, nos ha faltado la dignidad de encararlo, pararse enfrente de ello y preguntarnos desde qué refugio y con qué actitud vivimos este cambio de época.

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