¿Y la austeridad de izquierda?
- Alexandro Guevara

- hace 5 horas
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Sin esa coherencia, el mensaje se vacía y la base social se fractura.
Desde la academia y la trinchera del análisis de la comunicación, debemos entender que la austeridad en la política de izquierda no es una simple métrica de ahorro presupuestario, sino una declaración de principios que sostiene toda su estructura narrativa.

Para un político que emana de las luchas sociales, la austeridad es el único lenguaje que garantiza la congruencia; es el puente simbólico que impide que el representante se desvincule del representado.
En este sentido, la figura de Andrés Manuel López Obrador marcó un hito en la comunicación política contemporánea al transformar la "austeridad republicana" en una herramienta de combate. Al despojarse de los lujos excesivos de la presidencia tradicional —como el uso de Los Pinos o el avión presidencial—, AMLO no solo realizó un ajuste administrativo, sino que ejecutó un acto de comunicación no verbal masivo: le arrebató al poder su aura de intocabilidad y lo devolvió, al menos en el imaginario colectivo, a ras de suelo.
Para la izquierda, vivir en la "justa medianía" es el escudo que valida su discurso contra la desigualdad; sin esa coherencia, el mensaje se vacía y la base social se fractura.
Por el contrario, observamos que la derecha suele transitar un camino diametralmente opuesto, donde el enriquecimiento y la adopción de estéticas propias de la realeza no son vistos como errores, sino como atributos de jerarquía. Para estos sectores, la exhibición de riqueza funciona como una validación de su supuesta capacidad de gestión: operan bajo una lógica aspiracional donde el político no busca parecerse al pueblo, sino que el pueblo desea ser como él.
Esta "aristocratización" de la derecha se nutre de una visión donde el poder es un premio al éxito individual, lo que los lleva a crear castas cerradas, rodeadas de privilegios que imitan los ritos de la nobleza moderna.
Mientras la izquierda necesita la cercanía para ser legítima, la derecha construye distancia a través del lujo para imponer autoridad. El problema radica en que, al transformarse en esa suerte de realeza política, se vuelven ciegos ante las carencias del ciudadano común, convirtiendo el ejercicio público en un club de beneficios privados que profundiza el abismo social que la verdadera política debería intentar cerrar.
Por eso resulta más que extraño cuando existen personas que, desde abajo, llaman "Tío Richie" a Ricardo Salinas Pliego, uno de los más grandes evasores fiscales de América, quien se ha encargado de endeudar a quienes más necesidades tienen y que, además, apareció en los archivos de Epstein.
Existe una cantidad importante de figuras públicas que ven como su mayor logro —o le dan el significado de "triunfar"— al hecho de comprarse una camioneta "machuchona" (como diría el propio AMLO). ¿Por qué o de dónde habrá salido la idea de medir así el éxito?
No, no es un logro comprar y viajar a las comunidades en estas grandes "machuchonas". No es necesario; quien tiene mucho dinero posee un vehículo para cada situación y, en este caso, desde la izquierda no es coherente viajar así por un estado con tantas necesidades.
"No hay mejor patrimonio que la parsimonia". — Cicerón.
Alexandro Guevara
Doctor en Comunicación y Periodismo, Maestro en Comunicación Política.

**Las opiniones expresadas en esta columna son exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente la postura de Tinta Negra.










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