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El deporte mundial de la diplomacia ¿Qué viene para México en el mundial de fútbol 2026?

  • Foto del escritor: Santy Cervantes
    Santy Cervantes
  • hace 6 horas
  • 2 Min. de lectura

Italia fue el epicentro de las Olimpiadas de Invierno 2026, y, como era de esperarse, la magnitud de este evento se convirtió en una plataforma de poder blando, aunque se prohíbe expresamente el uso político en su reglamento. Y es que, en tiempos en los que la fuerza y las armas nucleares imponen sus reglas, el deporte, como herramienta de diplomacia, ofrece un respiro. Pero no olvidemos que, aun envuelto en la atmósfera de juego limpio, es un espacio de poder y de imposición.


México en el mundial de fútbol 2026

Históricamente el deporte ha sido una plataforma diplomática. Un caso ejemplar de ello es la famosa diplomacia del ping-pong entre Estados Unidos y China en los años setenta: mientras ambos países estaban en plena Guerra Fría, los partidos amistosos de tenis de mesa entre equipos se convirtieron en un puente inesperado para la diplomacia formal y el posterior restablecimiento de relaciones políticas y económicas entre ambos países.


Hoy, Milano-Cortina, más allá de las medallas, ha sido una tregua simbólica: la ONU y el presidente de Italia usaron el evento para apelar a la paz, mientras la controversia del atleta ucraniano, expulsado y luego readmitido, mostró cómo el deporte es un escenario de fricción entre reglas, geopolítica y declaraciones políticas, dejando claro que muchas veces las guerras trascienden las fronteras, incluso cuando éstas son deportivas.


Y nuestro país tiene una gran oportunidad este 2026, como todos sabemos, junto con Estados Unidos y Canadá será sede del Mundial. En un momento de tensión entre México y su vecino del norte, este Mundial puede ser mucho más que fútbol: es una oportunidad de reposicionamiento diplomático.


México en el mundial de fútbol 2026

México, con su capacidad cultural, que lo distingue de los demás países sedes; su potencial económico, que ha logrado hacer frente a los berrinches trumpianos; y su creciente influencia regional en Latinoamérica; puede aprovechar esta sede para tender puentes, construir narrativas de integración y proyectar una nueva imagen de liderazgo.


A pesar de que la presidenta Claudia Sheinbaum ha confirmado que no aparecerá en la inauguración del evento, México debe articular su comunicación en torno a lo deportivo, convirtiéndose en una voz activa en la construcción de un nuevo orden internacional, o al menos regional, en donde la diplomacia deportiva, lejos de ser solo espectáculo, sea un vehículo para el diálogo y la redefinición de alianzas geopolíticas.


Al aprovechar México su condición de sede, se abrirá un capítulo nuevo en su historia diplomática, en el cual podría redefinir su papel en un mundo donde la mayoría estará viendo quién mete más goles, pero algunos otros estarán viendo cómo se juega ajedrez en el tablero mundial.

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