Hilar el mundo | Hilo a la fragilidad de los símbolos
- Nidia Esteva

- hace 2 horas
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¿Buscamos entender la historia del otro o simplemente buscamos encajar en una foto que no nos pertenece?
El desarrollo de la humanidad se ha trazado sobre las mismas preguntas: la vida, la muerte, el tiempo y, sobre todo, el poder. Jean Chevalier anotaba en su Diccionario de los símbolos que el esfuerzo simbólico es, en realidad, un intento por descifrar un destino que se nos escapa entre las oscuridades. Tengo la tentación de hacer un repaso histórico hasta llegar al horizonte que sitúa la llegada del medio siglo. Sin embargo, cada hilo que comparta tiene la intensión de sólo centrarse en un momento que pudiera parecer simbólico, pero muestre las fragilidades del mundo actual. Hoy, en la arena pública mexicana, ese desciframiento parece haber sido sustituido por el utilitarismo.

He elegido el título Hilar el mundo por mi admiración por el textil artesanal, que permite hacer metáforas. Inicialmente me gustaría que cada texto sea un hilo que nos permita tejer ideas, palabras y conmover nuestra mirada para comprometernos en entender que somos parte de un tejido que comparte mucho más de lo que imaginamos.
Existe una tentación latente por reducir la historia a un escaparate o a un reel tiktokero, una contrariedad de lo que representa el textil artesanal, que en su esencia es un lenguaje complejo de resistencia y cosmogonía, pero insisten en convertirlo en la moneda de cambio de una narrativa política que confunde el reconocimiento con el folclor. Reivindicar la Abya Yala, las lenguas y los pueblos indígenas y afrodescendientes es una causa de justicia; pero construir una escenografía maniquea sobre sus símbolos es, en el mejor de los casos, una ligereza, y en el peor, una falsedad.
Asistimos a un uso inconsciente de huipiles y guayaberas como si fueran uniformes de legitimidad. Me causa conmoción ver un huipil que usaría una mujer mixteca de la costa oaxaqueña para su boda (acto ritual), vestido sólo para grabar un video de redes sociales que comunica cosas cotidianas, o una guayabera- yayabera- en pleno invierno, hecha de lino y bordada detalladamente sólo para simular algo en medio de una región del país donde ni siquiera tiene una trascendencia histórica y te mueres de frío.
Por otra parte, se celebra la "noticia primerísima" —la primera persona indígena en ocupar tal o cual silla—, pero esa narrativa nace con una fragilidad intrínseca: se rompe en cuanto el símbolo es sometido al abuso del uso. Mientras el funcionario se envuelve en hilos sagrados para la fotografía, la realidad de las comunidades se teje con otros materiales: las personas indígenas y afrodescendientes en su vida cotidiana visten de acuerdo con sus tareas diarias; ir al campo, cocinar, salir a vender, ir a la escuela, también mezclan su vestimenta con ropa no hecha de forma artesanal, como pantalones de mezclilla, playeras, sudaderas. En todo están presentes fenómenos sociales como la migración, la globalización, el cambio climático o la tecnología.
En el mundo se hablan más de 7,000 lenguas, de las cuales alrededor de 6,700 son de origen indígena y se estima que el 40% de éstas tiene el riesgo de desaparecer si no se toman medidas urgentes. Las medidas tomadas hasta el momento vienen en su gran mayoría de la cohesión de las propias comunidades, muy pocas vienen del Estado. Y no todas han sido exitosas por múltiples factores.
Su visibilización o fortalecimiento no se debiese conformar con colocar palabras en lenguas indígenas en los espacios políticos, en eventos efímeros, sino en una resonancia profunda de la palabra, en una especie de aprendizaje común para entender cómo la existencia o ausencia de una palabra significa la forma de ver el mundo, entender o hacer las cosas de forma diferente.
Todo lo que tuvo que pasar entre la oralidad y la escritura, tiene un sentido simbólico sagrado, pienso en el papel shinto de la cultura japonesa, cada pliegue, o trazo representa un vínculo del alma, un acto ritual. Por ejemplo, nosotros hemos perdido el valor y belleza de lo escrito a mano ante las ventajas tecnológicas que a veces desperdiciamos en conversaciones cortas, temerosas y con la opción “efímera” en cualquier red social.
Entonces, llegamos al nuevo milenio, pensando que ponerse huipiles sagrados, portar textiles que no son propios de nuestro origen se puede hacer sin siquiera saber su historia y que usarlos es por sí mismo un acto reivindicativo. No se trata de coartar libertades, de perder técnicas o debilitar economías circulares entorno a la venta de los textiles, se trata de la forma en que consumimos, usamos y portamos lo simbólico. Desde qué lugar lo hacemos, ¿buscamos entender la historia del otro o simplemente buscamos encajar en una foto que no nos pertenece?
La fragilidad se vuelve estridente en los espacios de decisión. La llegada de perfiles jóvenes indígenas a lugares cruciales donde se gestan futuros en educación y justicia —como la Secretaría de Educación Pública Federal o la Suprema Corte de Justicia de la Nación— no debería ser evaluada por la indumentaria, sino por la profundidad de su agenda. El riesgo, sin embargo, es compartido: ni el espectador debe reducir el juicio al traje, ni el protagonista puede abusar del símbolo para encubrir la ausencia de política real.
Finalmente, lo simbólico no se sostiene en la fotografía ni en la escenografía, sino en la memoria viva de los pueblos y en la capacidad de tejer un futuro compartido. Los hilos que portamos —ya sean textiles, lenguas o gestos— no son ornamentos, son raíces. Si los usamos con ligereza, se rompen; si los reconocemos con respeto, nos sostienen. Hilar el mundo es, entonces, un acto de responsabilidad: elegir entre la fragilidad del símbolo vacío o la fuerza del tejido que nos une.
Nidia Esteva
ig: @hilar_elmundo
Abogada oaxaqueña-cuicateca. De ser Premio Nacional de la Juventud a dirigir el Museo de los Pintores Oaxaqueños y colaborar con la UNAM, ha transformado la política pública en acciones de equidad. Ha vivido "varias vidas profesionales" en una sola: una trayectoria de múltiples facetas unidas por la educación, la igualdad, la poesía, las echeverias cuicatecas y el mar.











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