OPINIÓN| ¿Y Marcelo?
- Alex Hernández

- 7 sept 2023
- 3 Min. de lectura
Marcelo no se va, se queda, la pregunta es ¿con qué?

No era necesario tener poderes mágicos para suponer que la contienda electoral para el 2024 estaría protagonizada por dos mujeres. Por un lado, la tendencia Xóchitl y su entrada disruptiva a la justa, la hacían merecedora inmediata a representar el frente opositor, sobre todo por la colección monocromática que representaban los otros competidores.
Ebrard ha conocido las mieles de las derrota, encontrar la ganancia de lo perdido y aprovecharlo para seguir vigente en la vida política de nuestro país.
Por el otro lado, Claudia Sheinbaum no solo fungía el papel de la favorita, sino también como la apuesta que toda una infraestructura hegemónica respaldaría con tal de ser validada en las encuestas de Morena. Cada uno de los involucrados estaba consciente de ello, inclusive Marcelo Ebrard. Pero entonces ¿por qué la rabieta?
Desde su etapa camachista, Ebrard ha conocido las mieles de las derrota, encontrar la ganancia de lo perdido y aprovecharlo para seguir vigente en la vida política de nuestro país. Y aun cuando esta podría ser su última opción presidenciable, él mejor que nadie sabe que ganar no siempre es lo único, además de ello, sabe jugar bien el papel de perdedor.
El estruendo que Marcelo ha causado por sus declaraciones de “no hay cabida para nosotros en Morena”, pareciera dejar abierta la posibilidad de la ruptura de una fracción partidista, sin embargo, su séquito paralelamente deja entrever una versión diferente: “No nos vamos de Morena”. Algo que suena lógico y sensato para una estructura que tiene más que ganar adentro que afuera.
Esta escena shakespeariana parece salir más de una clase de política ficción, que de la determinación de un hombre que sabe -por experiencia propia- que ser enemigo del poder, solo le traerá de positivo, unas largas vacaciones al extranjero.
Entonces ¿Por qué tanta faramalla? El ex canciller sabe que su valor dentro de Morena es grande, no lo suficiente como para darle la batuta presidencial, pero sí para darle un puesto honorífico -casi a modo- en la siguiente “etapa transformadora”. Se habla de encabezar el senado, San Lázaro y mucho otros apuntan a fungir como secretario de gobierno; pero solo Marcelo y sus allegados saben qué es lo que realmente quiere. Lo claro es que, su petición no parece ser tomada a la ligera por el Presidente de la República, quien ya recibió la carta a los reyes magos, pero no pretende cumplirle el capricho completo.
Esta escena shakespeariana parece salir más de una clase de política ficción, que de la determinación de un hombre que sabe -por experiencia propia- que ser enemigo del poder, solo le traerá de positivo, unas largas vacaciones al extranjero.
Marcelo se está vendiendo caro, la estrategia es hacer ver que su figura suma bastante al Movimiento de Regeneración Nacional, sobre todo para comunicar paz y unidad en una familia que se creyó destruida, pero que ante el objetivo discursivo que instauró el mismo presidente, todas las rencillas quedarán atrás por “el bien de México”.
Ebrard debe saber que en este momento lo más importante es el timing, y saber que si “estira mucho la liga” se puede romper. Negociar lo más pronto posible y antes de que el tiempo juegue en su contra, será vital y, después de ello, congelar su imagen hasta que su aparición sea oportuna en la campaña presidencial, para respaldar mediáticamente a quien, tan solo unos meses atrás, era su enemiga política, pero que ante “el bien del pueblo”, lo llevarán a limar asperezas para trabajar juntos… tal como en las mejores familias mexicanas y propias de toda una historia dramática dentro de la política nacional.













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