El otro marcador del futbol femenil
- Ivette Del Río

- hace 11 minutos
- 2 Min. de lectura
Columna: Casi todo es otra cosa

En un país donde el fútbol se considera patrimonio casi exclusivo de los hombres, la reciente final de la Liga MX Femenil abrió una puerta que estaba entreabierta y la hizo estallar. La definición del Apertura 2025 entre Tigres Femenil y América Femenil se perfila como la más vista en la historia del fútbol femenil mexicano, gracias a que se transmitió en 12 plataformas simultáneas, lo que permitió que llegar a millones de espectadoras y espectadores sea cada vez más accesible.
Las cifras, sin duda, reflejan un momento histórico: durante el pico de audiencia en YouTube, se reportaron más de 75 mil dispositivos conectados en LayvTime, lo que consolida a la Liga MX Femenil como una plataforma de gran impacto mediático.
El fútbol femenil ya no es un experimento, ni un “extra”; es una fuerza que exige visibilidad, ingresos, respeto y un lugar legítimo en los estadios y en los medios. En una cultura deportiva tradicionalmente masculina, las mujeres están reclamando espacio con goles, con audiencias, con presencia institucional.
Pero no todo está ganado. Junto con el aplauso llega la obligación: hay temas urgentes que aún están pendientes. Las condiciones de entrenamiento, la infraestructura para los equipos femeniles y el respaldo institucional siguen siendo insuficientes. Muchas jugadoras aún enfrentan limitaciones en los recursos, salarios básicos y profesionalización real del deporte femenil.
Y uno de los desafíos más profundos y urgentes es la igualdad salarial. No basta con llenar estadios o tener temporada competitiva: las mujeres en el deporte deberían recibir el mismo reconocimiento económico y laboral que sus pares varones. La brecha salarial en el deporte sigue siendo enorme: sin políticas claras de equidad, la visibilidad puede convertirse en un espejismo que oculta la explotación estructural.
Por eso, este momento de gloria no debe llevarnos a la complacencia. La cobertura récord de esta final es una señal poderosa, pero no el fin del camino: debe ser el punto de partida para consolidar una liga que respete derechos, pague dignamente, invierta en formación y garantice estabilidad.
Pero como casi todo es otra cosa, este momento que vivimos… no es solo una victoria deportiva. Es una oportunidad para cambiar el juego.













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