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Día de muertos, motor económico en México

  • Foto del escritor: Claudia Galguera
    Claudia Galguera
  • 3 nov
  • 3 Min. de lectura

Según los primeros reportes de la Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio, Servicios y Turismo (CONCANACO-SERVYTUR) para 2025 se anticipa una cifra de alrededor de los 45 mil 318 millones de pesos de derrama económica del período del 26 de octubre al 02 de noviembre, cifra que crece año con año.

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Cada año, cuando los altares se iluminan con velas, el aroma del cempasúchil invade las calles y los panteones se llenan de vida, México recuerda una de sus celebraciones más entrañables: el Día de Muertos. Más allá de su carga simbólica, espiritual y emocional, esta festividad se ha convertido también en un motor económico de enorme relevancia nacional, que reactiva el turismo, el comercio local, la gastronomía, el arte popular y las industrias culturales.


Según los primeros reportes de la Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio, Servicios y Turismo (CONCANACO-SERVYTUR) para 2025 se anticipa una cifra de alrededor de los 45 mil 318 millones de pesos de derrama económica del período del 26 de octubre al 02 de noviembre, cifra que crece año con año.


TRADICIÓN QUE GENERA MOVIMIENTO ECONÓMICO

Las comunidades que conservan sus rituales, como Pátzcuaro, Janitzio, Mixquic y Oaxaca, ven multiplicar su actividad económica durante estos días. Artesanos, floricultores, panaderos, músicos, hoteleros, restauranteros y transportistas encuentran en la festividad una oportunidad de ingresos significativa.El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) estima que durante la temporada se incrementan las ventas minoristas hasta un 30%, especialmente en flores, veladoras, pan de muerto, disfraces, alimentos y bebidas.


Detrás de cada altar hay una cadena productiva viva: desde quien cultiva el cempasúchil, hasta quien fabrica las calaveras de azúcar o diseña productos inspirados en la iconografía mexicana.

El Día de Muertos no solo fortalece el turismo, sino que también impulsa la economía creativa, al inspirar a diseñadores, artistas y emprendedores a reinterpretar los símbolos tradicionales en productos con valor agregado. Desde joyería artesanal hasta ropa o souvenirs, la identidad mexicana se convierte en una marca exportable.


La UNESCO, al reconocer en 2008 al Día de Muertos como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, subrayó precisamente ese equilibrio: la capacidad de una nación para preservar su herencia cultural mientras la integra a su desarrollo económico.

Sin embargo, la comercialización excesiva de la tradición también plantea un reto: ¿cómo mantener viva la esencia espiritual sin diluirla en el mercado global?


Cada 31 de octubre su servidora acompaña a visitantes extranjeros en recorridos por panteones de Oaxaca, lo que me regala la oportunidad de comunicar lo que significa para nosotros esta celebración; y así, cada año he presenciado como incrementa enormemente el número de visitantes, lo cual nos lleva a la reflexión de que si bien es un gran orgullo mostrar nuestras tradiciones, el significado real de las mismas se puede diluir o transformar en una mera fiesta donde hay mucho mezcal y música o en la frívola foto de Instagram, más allá del gran significado espiritual y ancestral que guarda honrar a nuestros muertos. Por lo que preservar nuestras tradiciones no es solo un acto de orgullo, sino una inversión en la sostenibilidad cultural y económica del país.


Por otro lado, considero que los jóvenes deben participar en la preservación de las tradiciones, ya sea, por ejemplo, aprendiendo hacer papel picado, a elaborar pan de muerto o creando emprendimientos basados en iconografía tradicional, porque no solo lograrán con ello generar ingresos, también estarán construyendo identidad, pertenencia y continuidad.


México tiene en sus raíces uno de sus mayores capitales. Apostar por su preservación —con respeto, autenticidad y creatividad— permite diversificar la economía y fortalecer comunidades locales que, con frecuencia, dependen de estas festividades para subsistir.


En tiempos en que las economías globales enfrentan incertidumbres, el valor de lo propio se vuelve ventaja competitiva. El Día de Muertos no es solo una tradición: es una lección de cómo la cultura puede mover economías enteras, crear empleo, atraer turismo y dar sentido de propósito a millones de mexicanos.

La fiesta de los muertos nos recuerda, paradójicamente, que lo que mantiene vivo a un país es la memoria de lo que lo hace único.

2 comentarios


Patricia Robertson
Patricia Robertson
04 nov

Gracias por crear estos espacios de cultura

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Patricia Robertson
Patricia Robertson
04 nov

Qué bonito recorrido por la historia. Maravilloso trabajo. Gracias por compartir

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