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¿Una ilusión perdida?

  • Foto del escritor: Ivette Del Río
    Ivette Del Río
  • hace 4 minutos
  • 2 min de lectura
ColumnaCasi todo es otra cosa

Lo decía Juan Villoro en entrevista: “Es una lástima que no haya un Mundial de aficiones, tendríamos una gran oportunidad de llegar al partido final”

Y sí, seguramente seríamos campeones, seguramente no tendríamos una cara de tristeza en un lunes o martes tan difícil.

Después de la derrota ha llegado el silencio, los memes, los análisis tácticos, y esa sensación conocida de que otra vez no alcanzó.

Sin embargo más allá del marcador, la afición mexicana de este mundial se reconcilió con su selección, a pesar del trago amargo que sabíamos que íbamos a beber en cualquier momento, México ha llorado de alegría y orgullo de un equipo que al principio no convencía.


Porque hacía mucho tiempo que este país no sonreía al mismo tiempo, que una conversación nacional no giraba alrededor de la ilusión, de un gol, de una esperanza. Durante semanas, México encontró un motivo para detenerse, abrazarse y creer.


Nos ilusionaron.

Dejamos de hablar del “ya merito” para empezar a imaginar el “¿y si sí?”.

Una frase que se convirtió en una narrativa capaz de unir a millones de personas que rara vez coinciden en algo.

Ahí radica la verdadera fuerza de las narrativas, en la creación de significados. Los hechos importan, pero las historias que construimos alrededor de ellos terminan movilizando emociones, generando identidad y orientando el comportamiento masivo.

No ganamos el campeonato, pero durante unos días ganamos la posibilidad de creer juntos.


Vivimos en un país profundamente dividido, polarizado por la política, por las redes sociales, por las desigualdades, por las violencias que atraviesan nuestra vida cotidiana. Encontrar un espacio donde millones de personas sintieran la misma emoción al mismo tiempo parecía imposible.


El fútbol hizo lo que muchas veces la política no ha podido hacer, recordarnos que seguimos siendo capaces de emocionarnos como comunidad, pues un país no vive solamente de certezas; también necesita ilusiones. Necesita historias que lo hagan imaginar un futuro distinto, aunque sea por noventa minutos.


Pero como casi todo es otra cosa… quizá este mundial no se trató solo de fútbol, quizá un simple ¿Y si sí? fue capaz de reconciliar por unos días a todo un país con la esperanza, ¡qué vaya falta que nos hacía!

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