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Machismo fuera de lugar

  • Foto del escritor: Ivette Del Río
    Ivette Del Río
  • 25 jul
  • 3 Min. de lectura
Columna: Casi todo es otra cosa

La reacción pública ha sido contundente, pero también reveladora. Mientras miles de mujeres denunciaron las palabras de ambos como machistas, muchos seguidores —incluidos medios, colegas y “fans”— salieron a defenderlos con la misma fórmula de siempre: “Lo sacaron de contexto”, “es su opinión”, “ya no se puede decir nada”.

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¿Qué tienen en común ‘Chicharito’ y Salinas Pliego?

 

En apariencia, Javier “Chicharito” Hernández y Ricardo Salinas Pliego no podrían ser más distintos: uno es futbolista, el otro empresario; uno juega en la cancha, el otro en los negocios y los medios; uno habla desde el “autoestima y vibras”, el otro desde el sarcasmo y la soberbia. Pero esta semana quedó claro que comparten algo más profundo: una misoginia disfrazada de autenticidad, una violencia que normalizan bajo el disfraz del “libre pensamiento” y una convicción errónea de que la igualdad les incomoda porque los amenaza.

 

Ambos hablaron. Ninguno se disculpó.

Y los dos hicieron lo mismo: colocarse por encima de las mujeres con discursos machistas, simplones y peligrosos.

 

Por un lado, Chicharito, convertido en influencer espiritual y gurú motivacional, decidió que era buen momento para “analizar” por qué las mujeres están fracasando: “porque se enfocan en ser independientes, en tener carrera, en ser poderosas, pero no en construir una familia”. Todo dicho con tono zen, como si no llevara décadas repitiéndose el mismo mensaje patriarcal que responsabiliza a las mujeres de todo lo que no le funciona al sistema: del desempleo, de la crisis de pareja, de la baja natalidad y hasta del ego masculino herido.

 

Por el otro lado, Salinas Pliego, molesto por haber perdido un juicio millonario y por no controlar la narrativa pública, optó por atacar a mujeres periodistas con insultos misóginos, y se atrevió incluso a negar el nombramiento correcto de la primera mujer presidenta de México, Claudia Sheinbaum, bajo el pretexto de que para él “todos son iguales”. Su lenguaje no fue solo ofensivo: fue calculado para herir, ridiculizar y afirmar jerarquía.

 

Ambos utilizan sus plataformas para perpetuar la violencia simbólica. Ambos eligen colocarse como “víctimas” de la corrección política. Y ambos, desde trincheras distintas, mandan el mismo mensaje: el poder masculino no se toca, no se discute y, sobre todo, no se cuestiona.

 

La reacción pública ha sido contundente, pero también reveladora. Mientras miles de mujeres denunciaron las palabras de ambos como machistas, muchos seguidores —incluidos medios, colegas y “fans”— salieron a defenderlos con la misma fórmula de siempre: “Lo sacaron de contexto”, “es su opinión”, “ya no se puede decir nada”. Lo preocupante no es solo lo que dijeron, sino lo que muestran: que en pleno 2025, sigue habiendo referentes públicos masculinos que creen que el respeto a las mujeres es opcional, que los derechos de las mujeres son negociables y que la equidad es una amenaza personal.

 

Hoy, el machismo ya no se presenta como antes. Ahora se disfraza de motivación personal, de libertad de expresión, de “preocupación por los valores familiares” o de “honestidad brutal”. Pero sigue siendo lo mismo: una negación del derecho de las mujeres a existir, a decidir y a vivir sin ser juzgadas, corregidas o insultadas por hombres con poder.

 

Lo que tienen en común Chicharito y Salinas Pliego no es solo el machismo. Es la resistencia al cambio. Porque sí: estamos en otro momento. Pero aún hay quienes no se han enterado.

 

Ya sea desde una cancha o desde un emporio, ambos reproducen una masculinidad que se incomoda cuando las mujeres ganan poder, voz o autonomía. El verdadero problema no es que opinen, es que lo hacen desde una posición de privilegio que descalifica, ridiculiza y exige “merecimiento” a quienes ya cargan con siglos de exclusión. Y eso, en cualquier cancha, micrófono o tribuna, es machismo fuera de lugar.

 

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