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De lo global a lo local: retos y oportunidades económicas 2026

  • Foto del escritor: Claudia Galguera
    Claudia Galguera
  • hace 18 horas
  • 3 Min. de lectura

Los pronósticos macroeconómicos para México en 2026 muestran que la economía seguirá enfrentando una etapa de crecimiento moderado. Según estimaciones de organismos como el Banco Mundial, el Producto Interno Bruto (PIB) de México crecería alrededor de 1.6 % en 2026, una cifra modesta en comparación con décadas anteriores. Otra proyección, más cauta, sugiere que el crecimiento podría rondar apenas 1.0 %, reflejando desafíos estructurales y condiciones globales desfavorables. 



Vivimos en un mundo cada vez más interconectado. Ya no es exageración decir que un cambio de política en Estados Unidos, una decisión del Banco Central Europeo o una guerra comercial entre potencias repercute en lo que pagamos por un kilo de comida o en las oportunidades de empleo de nuestra ciudad; pero ¿cómo se traduce esa economía global en la vida diaria de las economías locales en México? ¿Cómo afecta a quienes emprenden desde sus comunidades, a los pequeños negocios, a las familias y a los trabajadores?

La respuesta es compleja, pero clara: lo global sí impacta lo local, tanto en oportunidades como en retos, y lo hará de forma especialmente relevante en 2026.


Los pronósticos macroeconómicos para México en 2026 muestran que la economía seguirá enfrentando una etapa de crecimiento moderado. Según estimaciones de organismos como el Banco Mundial, el Producto Interno Bruto (PIB) de México crecería alrededor de 1.6 % en 2026, una cifra modesta en comparación con décadas anteriores. Otra proyección, más cauta, sugiere que el crecimiento podría rondar apenas 1.0 %, reflejando desafíos estructurales y condiciones globales desfavorables. 


Un crecimiento lento tiende a traducirse en menor consumo familiar, lo que impacta directamente a los comercios de barrio, a los talleres artesanales y a los servicios que dependen de la circulación cotidiana de dinero. Cuando las familias ajustan su presupuesto por incertidumbre económica, tienden a priorizar gastos esenciales y posponer compras secundaria, desde ropa hecha por emprendedores hasta servicios locales más allá de lo indispensable.


La evolución de la economía mundial también ejerce presión sobre los mercados laborales locales. Con un mercado global volátil, las inversiones productivas pueden detenerse o modificarse. Si no hay expansión de sectores clave —como manufactura, servicios o tecnología—, la creación de empleo formal se ralentiza. Esto no solo afecta a quienes buscan trabajo, sino también a los emprendedores que dependen de consumidores con ingresos estables. 


Además, fenómenos como la recuperación más lenta del empleo formal reducen el ingreso disponible en los hogares mexicanos, lo que puede disminuir la demanda local de productos y servicios, especialmente de aquellos considerados no esenciales.


Las remesas que envían millones de mexicanos desde el extranjero representan una fuente clave de ingresos para muchas familias y regiones del país, especialmente en estados con alta población migrante. Sin embargo, proyecciones indican una posible reducción en el flujo de remesas en 2026, debido a factores como cambios en la economía estadounidense y en políticas migratorias. Una caída de este tipo no solo afecta el consumo dentro del hogar, sino también a los pequeños comercios, a los proveedores de servicios locales y especialmente a los emprendimientos que dependen de un gasto familiar menos restringido.


Otro aspecto clave es la incertidumbre que rodea al Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (TMEC). La posible revisión de este acuerdo y las políticas proteccionistas en países fronterizos pueden frenar el dinamismo del comercio internacional, afectando industrias clave del país. Los cambios en estas políticas no solo alteran las exportaciones e importaciones: también impactan las decisiones de inversión de las empresas —desde grandes industrias hasta proveedores locales— que al final se reflejan en la actividad económica de regiones enteras.


Aunque muchos de estos factores generan retos, también hay aspectos positivos que pueden impulsar las economías locales, tales como, la regionalización del comercio y acuerdos económicos fortalecidos en la región podrían favorecer cadenas productivas cercanas; la moderación de la inflación esperada para finales de 2026 podría mejorar el poder adquisitivo familiar si se mantiene dentro de rangos controlados y los sectores emergentes como la digitalización, servicios especializados y economía creativa pueden aprovechar la globalización para expandir mercados más allá de lo local.


Los fenómenos globales no son distantes; se filtran en cada decisión de compra, cada proyecto emprendido y cada presupuesto familiar. Para la economía local, entender estos vínculos es fundamental: no como un riesgo, sino como una oportunidad de anticipación y adaptación.


En conclusión, si los emprendedores y pequeños empresarios comprenden cómo las tendencias globales moldean el entorno nacional —y regional— pueden tomar mejores decisiones para planear, ajustar estrategias y aprovechar las ventanas de oportunidad. Esto implica fortalecer capacidades internas, diversificar canales de venta, comprender mejor a sus clientes y usar la información económica como una brújula para navegar un año 2026 lleno de desafíos, pero también de posibilidades.

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