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Cuando las mujeres sostienen la celebración navideña

  • Foto del escritor: Claudia Galguera
    Claudia Galguera
  • 22 dic 2025
  • 3 Min. de lectura

La planeación navideña es un trabajo en sí mismo. Implica presupuesto, logística, previsión y negociación emocional. ¿Alcanza el dinero? ¿A quién no podemos dejar fuera? ¿Cómo equilibrar expectativas con realidad económica?

Esta carga mental —conocida como trabajo invisible— no aparece en las estadísticas oficiales, pero pesa. Y pesa más en diciembre, cuando la presión social por “cumplir” con la Navidad perfecta se intensifica. Las mujeres no solo administran el dinero del hogar; administran las emociones de la familia.


La Navidad suele presentarse como una época de alegría, unión y generosidad. Sin embargo, detrás de las luces, los regalos y las mesas llenas, existe un costo invisible que rara vez se menciona: el que asumen, casi en automático, las mujeres. Un costo que no siempre es económico, pero que sí es emocional, mental y físico.

En millones de hogares mexicanos, la Navidad no “sucede” por sí sola. Se organiza, se planea, se financia y se ejecuta. Y, en la mayoría de los casos, son las mujeres —madres, abuelas, hijas— quienes cargan con esa responsabilidad. Desde decidir qué se va a cocinar, a quién se le compra regalo, cuánto se puede gastar, hasta coordinar reuniones familiares, mantener la armonía emocional y, en muchos casos, seguir trabajando o emprendiendo al mismo tiempo.


La gestión invisible que nadie factura

La planeación navideña es un trabajo en sí mismo. Implica presupuesto, logística, previsión y negociación emocional. ¿Alcanza el dinero? ¿A quién no podemos dejar fuera? ¿Cómo equilibrar expectativas con realidad económica?

Esta carga mental —conocida como trabajo invisible— no aparece en las estadísticas oficiales, pero pesa. Y pesa más en diciembre, cuando la presión social por “cumplir” con la Navidad perfecta se intensifica. Las mujeres no solo administran el dinero del hogar; administran las emociones de la familia.

El mercado ha sabido explotar esta narrativa: una buena madre, una buena esposa, una buena hija “demuestra” su amor a través del consumo. Y así, muchas mujeres gastan más de lo que pueden, se endeudan o sacrifican su propio bienestar para sostener una idea de Navidad que pocas veces se cuestiona.


Las mujeres que emprenden: doble presión

Para las mujeres emprendedoras, diciembre es una paradoja. Es, muchas veces, el mes más rentable del año… y también el más agotador. Mientras venden, producen o participan en bazares, también organizan la Navidad en casa. No hay pausa. No hay tregua. El éxito económico convive con el cansancio extremo. Aquí el costo invisible se duplica: sostener el ingreso familiar y sostener la celebración familiar.


Repensar la Navidad: un acto necesario

Hablar del costo invisible de la Navidad no es arruinar la celebración; es humanizarla. Es reconocer que la carga no debería recaer siempre en las mismas personas. Es abrir la conversación sobre corresponsabilidad, límites y nuevas formas de celebrar.

Tal vez la Navidad no debería medirse por la cantidad de regalos ni por la mesa más abundante, sino por la capacidad de compartir responsabilidades, cuidar la salud emocional y ajustar expectativas a la realidad económica.

En conclusión, la Navidad puede seguir siendo un momento de unión, pero también puede convertirse en una oportunidad para repartir mejor las cargas, valorar el trabajo invisible y entender que el verdadero regalo es el bienestar colectivo.

Porque si la Navidad existe tal como la conocemos, es —en gran medida— gracias al esfuerzo silencioso de millones de mujeres. Y eso, al menos, merece ser dicho en voz alta.



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