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La IA no es solo para las nuevas generaciones

  • Foto del escritor: Claudia Galguera
    Claudia Galguera
  • 13 oct
  • 3 Min. de lectura
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Para muchas personas mayores de 40 años como su servidora, el proceso de integración de las nuevas tecnologías no suele ser tan sencillo. Vivimos en una era en la que la inteligencia artificial (IA) está reconfigurando el mundo laboral, empresarial y educativo con una rapidez sin precedentes. Lo que antes parecía exclusivo de ingenieros o tecnólogos ahora forma parte del día a día de cualquier profesional. Desde redactar un correo hasta analizar datos o diseñar estrategias de negocio, la IA se ha convertido en una herramienta que promete potenciar nuestras capacidades humanas y esta realidad más allá de toda la controversia respecto a la sustitución del recurso humano por la IA, es una realidad que se desarrolla potencialmente día con día.


De acuerdo con un informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID, 2024), más del 60 % de los trabajadores latinoamericanos mayores de 40 años considera que sus habilidades digitales son insuficientes para competir en un mercado laboral dominado por la automatización y la IA. Este dato no refleja falta de capacidad, sino una brecha de actualización. Durante décadas, el éxito profesional se basó en la experiencia, la intuición y el conocimiento técnico adquirido a lo largo del tiempo; hoy, en cambio, la agilidad digital y el aprendizaje continuo se han vuelto esenciales. Está claro que resulta de vital importancia y para la sobrevivencia laboral en muchos de los casos, conocer y dominar el manejo de las herramientas proporcionadas por la IA.


Para las y los profesionales en la mediana edad, la IA puede convertirse en un aliado estratégico que les permita automatizar tareas repetitivas, tomar decisiones basadas en datos y optimizar recursos en sus emprendimientos o proyectos personales. Herramientas como ChatGPT, Gemini o Copilot pueden apoyar desde la creación de estrategias de marketing hasta la redacción de propuestas o el análisis de tendencias de consumo y en el mundo del emprendimiento su uso optimiza tiempos y presupuestos, ya que al incorporar la IA en los procesos, las ventas se optimizan y nos acercamos a un mercado que ya está automatizado y habla esos lenguajes, el creciente mercado de los jóvenes consumidores.


El reto, por tanto, no es tecnológico, sino cultural y emocional. Implica derribar el mito de que la IA “es solo para jóvenes” y entender que la verdadera ventaja competitiva está en combinar la experiencia humana con la eficiencia de las máquinas. Un estudio de PwC (2024) señala que las empresas que integran programas de capacitación en IA para empleados senior logran un aumento del 15 % en productividad y una disminución del 12 % en rotación laboral. Esto demuestra que la adaptación tecnológica, acompañada de formación, es una inversión rentable y necesaria.


En el ámbito empresarial, la IA también abre oportunidades inéditas para emprendedores mayores de 40. Muchos profesionales con experiencia están transformando su conocimiento en consultorías, productos digitales o microempresas apoyadas en automatización y análisis predictivo. La Organización Internacional del Trabajo (OIT, 2024) resalta que el 35 % de los nuevos emprendimientos creados en América Latina por personas de más de 40 años ya utiliza herramientas de IA para marketing, ventas o gestión de operaciones.


La inteligencia artificial no es el enemigo del talento humano; es la extensión lógica de nuestra capacidad para crear, resolver y evolucionar. Adaptarse a ella implica humildad para aprender y valentía para desaprender. Los de la “vieja” escuela tenemos una ventaja que ningún algoritmo puede replicar: la experiencia acumulada. Con el apoyo adecuado, esa experiencia puede encontrar en la IA el socio ideal para reinventarse profesional y empresarialmente, así que solo falta estudiar y entender este nuevo mundo que alguna vez imaginamos y que ya es una realidad que evoluciona día con día.


Las opiniones expresadas en esta columna son exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente la postura de Tinta Negra.

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