top of page

Emprender en Unidad

  • Foto del escritor: Claudia Galguera
    Claudia Galguera
  • 20 oct
  • 2 Min. de lectura
ree

El pasado fin de semana pude visitar un lugar en la Sierra Juárez llamado San Juan Chicomezuchil, atan solo 1:30 h de la capital de Oaxaca, en donde se organizaron y crearon un lugar bello con cabañas y alimentos a lado de una presa en medio de montañas y vegetación. Esto nos comprueba que los pueblos organizados siempre pueden salir adelante porque en un país tan diverso y desigual como México, hablar de emprendimiento no puede limitarse a la historia individual del éxito personal. El futuro del desarrollo económico local pasa necesariamente por el emprendimiento comunitario, una forma de organización que rescata valores colectivos, impulsa la participación social y distribuye los beneficios de manera equitativa. Es por ello por lo que emprendimientos comunitarios bien llevados con el apoyo de los gobiernos convierte lugares y comunidades aisladas en potenciales puntos para el ecoturismo o en productores responsables de productos comestibles de gran calidad.


Lejos de ser un concepto nuevo, el emprendimiento comunitario tiene raíces profundas en la cultura mexicana. Desde las cooperativas agrarias y los ejidos hasta las cooperativas de consumo o producción artesanal, las comunidades han encontrado en la unión una forma de sobrevivir ante la falta de acceso al crédito, la desigualdad estructural y la concentración de oportunidades. Hoy, este modelo resurge con fuerza ante los desafíos del siglo XXI: la automatización, la migración y la exclusión económica.


Según el Instituto Nacional de Economía Social (INAES), existen en México más de 45 mil empresas de participación social, que incluyen cooperativas, sociedades de producción rural y asociaciones comunitarias. Estas generan empleo local, reducen la migración forzada y fortalecen la identidad cultural de los territorios. El modelo no solo busca rentabilidad, sino también impacto social y sostenibilidad.


La Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha señalado que las cooperativas y emprendimientos sociales pueden ser una herramienta esencial para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible, especialmente los vinculados al trabajo decente, la igualdad de género y la reducción de la pobreza (OIT, 2024). En contextos donde los gobiernos y las empresas privadas no logran cubrir todas las necesidades, las comunidades autoorganizadas se convierten en agentes activos de su propio desarrollo.


No obstante, el emprendimiento comunitario enfrenta retos significativos. La falta de capacitación empresarial, la burocracia y la escasa digitalización limitan su crecimiento. La transición hacia modelos de negocio sostenibles y competitivos requiere acompañamiento técnico, financiamiento justo y una red de apoyo institucional. Las universidades, gobiernos locales y plataformas tecnológicas pueden jugar un papel clave en esta transformación.


Además, en un contexto global donde se privilegia la competencia individual, emprender colectivamente exige una cultura distinta: una que valore la confianza, la transparencia y la corresponsabilidad. No se trata solo de crear empresas, sino de fortalecer tejidos sociales.


El emprendimiento comunitario, en esencia, representa una forma de resistencia económica y cultural. Es un recordatorio de que el desarrollo no tiene por qué estar concentrado en grandes corporaciones ni depender exclusivamente de la inversión externa. En la unión comunitaria hay una poderosa estrategia de transformación: una donde el éxito no se mide solo en ganancias, sino en bienestar compartido, orgullo local y sostenibilidad a largo plazo.

Comentarios


Historias del día

bottom of page