Créditos al instante: ¿Facilidad o trampa para las familias mexicana?
- Claudia Galguera

- 20 ene
- 3 Min. de lectura

En los últimos años, México ha visto una proliferación significativa de soluciones de crédito que prometen lo que muchas familias necesitan: acceso rápido a dinero para adquirir bienes y servicios con pagos flexibles, incluso semanales, sin muchos requisitos. Desde microcréditos caseros hasta aplicaciones de “compre ahora y pague después”, estas figuras de financiamiento se han vuelto parte del paisaje cotidiano del consumidor mexicano.
La razón es simple: para millones de hogares, el ingreso no alcanza, y la urgencia por adquirir artículos básicos —desde ropa y calzado hasta electrodomésticos o materiales escolares— ha llevado a muchas personas a aceptar términos crediticios poco exigentes con tal de llevar esos bienes a casa. Sin embargo, esta aparente facilidad trae consigo un debate urgente: ¿estas formas de crédito ayudan realmente a mejorar la calidad de vida de las familias, o abren la puerta a cargas financieras que las consumen sin que lo noten?
Un fenómeno impulsado por la necesidad
Según datos del INEGI una proporción creciente de hogares mexicanos se ve forzada a recurrir a algún tipo de financiamiento informal o alternativo cuando los ingresos no son suficientes para cubrir gastos básicos. Esta tendencia se intensificó tras la pandemia de COVID-19 y se ha mantenido en un contexto económico donde el crecimiento del ingreso familiar ha sido lento y la inflación sigue disminuyendo el poder de compra.
La popularidad de figuras de crédito con pocas restricciones —pagos semanales, requisitos mínimos de ingreso o incluso la ausencia de verificación de historial crediticio— responde a una necesidad real. Muchos trabajadores informales, madres solteras, pequeños comerciantes y jóvenes emprendedores no tienen acceso a créditos bancarios tradicionales por falta de historial crediticio, formalidad laboral o garantías. En ese vacío, las alternativas ágiles de crédito cobran relevancia.
Formas de crédito populares en México y cómo funcionan
1. Microcréditos comunitarios o “tandas” modernizadas
Aunque el concepto de tandas es ancestral, hoy se ha formalizado bajo modelos digitales o grupos de crédito comunitario. La idea básica —depositar una aportación periódica en grupo para recibir una suma mayor— ha evolucionado con apps que ofrecen esquemas similares sin avales tradicionales.
2. Compre ahora y pague después (BNPL, por sus siglas en inglés)
Plataformas como Klar, Konfío, Mercado Crédito y otros servicios afiliados a comercios permiten adquirir productos en pagos semanales o quincenales sin necesidad de tarjeta de crédito tradicional. Estas opciones no siempre requieren historial crediticio, lo que las hace accesibles, pero también pueden incluir costos financieros significativos.
3. Préstamos rápidos de fintechs y apps de crédito rápido
Existen aplicaciones que aprueban créditos en minutos con requisitos mínimos y desembolsan dinero directamente al celular. Aunque ofrecen rapidez, suelen cobrar tasas altas y penalizaciones estrictas por retrasos.
El lado oscuro de la accesibilidad: endeudamiento silencioso
Lo que parece una solución inmediata puede devenir en un acumulativo de deudas infinito. Las ligas de consumidores y especialistas en inclusión financiera han advertido que, aunque estas formas de crédito ofrecen acceso, sus tasas de interés y costos ocultos pueden generar una espiral de pagos que supera la capacidad real del deudor. Una encuesta de CONDUSEF y el INEGI indica que una parte significativa de los usuarios de crédito rápido reporta dificultades para cumplir con los pagos, lo que termina por afectar su historial crediticio y su capacidad para acceder a financiamiento más formal y barato en el futuro.
Además, las deudas de corto plazo con pagos semanales pueden consumir ingresos destinados a gastos básicos, reduciendo el margen para ahorro o inversión familiar, y en muchos casos generando estrés financiero significativo.
¿Facilidad o trampa de deuda?
No se trata de demonizar las herramientas de financiamiento flexibles. De hecho, bien utilizadas, pueden ayudar a: cubrir gastos urgentes, aprovechar oportunidades de consumo o negocio, mejorar calidad de vida a corto plazo.
El problema surge cuando la facilidad de acceso se convierte en una trampa de pagos sin espacio para planear o priorizar gastos esenciales.
En conclusión, las figuras de crédito con pocas restricciones han llegado para llenar un vacío histórico: el acceso limitado al financiamiento formal por parte de amplios sectores de la población. Pero esa facilidad tiene un costo: puede transformar una solución temporal en una carga constante si no se usa con conocimiento y planificación.
Como sociedad, no solo debemos ofrecer opciones de crédito más accesibles, sino educar para que esas opciones se usen con sentido, con estrategia y con responsabilidad. El crédito puede ser una herramienta de crecimiento, no una trampa que atrapa ingresos y limita futuros.
Y en un país donde millones viven día a día con la incertidumbre de un ingreso que no alcanza, aprender a financiar no es solo una cuestión económica: es una cuestión de dignidad y futuro.













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