El silencio también gobierna y lo hace mal
- Ivette Del Río

- 16 ene
- 2 Min. de lectura
Columna: Casi todo es otra cosa
"La transparencia oportuna protege a la institución, a la ciudadanía y, paradójicamente, al propio funcionario."

Bien dicen que lo que se ve no se pregunta y el que calla otorga, dichos populares que utilizados en la política tienen un costo serio. Así han sido las especulaciones sobre su salud, su vida privada y la gestión de gobierno del Presidente municipal de Santa María Huatulco.
Hace unos días Julio Cárdenas se vio involucrado en un accidente automovilístico que, en cuestión de horas, se convirtió en una crisis política y de reputación. No solo por el hecho en sí, sino por la manera en que fue comunicado.
El primer posicionamiento oficial fue un comunicado frío, escueto e insensible: sin contexto, sin empatía, sin datos verificables sobre el estado de salud del edil ni de las personas involucradas. Paralelamente, distintos medios comenzaron a publicar versiones sobre un presunto estado de ebriedad al momento de conducir, la identidad de su acompañante, señalada como una supuesta relación personal y el origen del vehículo, referido como propiedad de una televisora. Frente a esas notas, el Ayuntamiento guardó silencio, hasta este momento no ha habido desmentidos puntuales, ni confirmaciones responsables, ni una narrativa institucional que separara hechos de rumores. La comunicación de gobierno decidió en plena crisis, llenar silencios con especulaciones.
Así como no se puede tapar el sol con un dedo, la comunicación de gobierno no es la solución de una crisis, pero si disminuye el impacto y los daños colaterales. Los encargados de la comunicación institucional de Santa María Huatulco, se equivocaron al salir “rápido con un comunicado”; seguramente por la insistencia de sus jefes, en vez de desarrollar una prospectiva de los frentes que había que atacar. Primero; minimizaron el hecho con un boletín que no reconoce la gravedad ni el interés público. Segundo, no establecieron un “centro de verdad”: una fuente oficial, con vocería definida, que actualice información comprobada. Tercero, permitieron que temas sensibles como el consumo de alcohol, vida privada, y posible conflicto de interés por el vehículo, queden sin respuesta, lo que erosiona la credibilidad y alimenta la percepción de encubrimiento. Y cuarto, olvidaron el componente humano: una crisis exige empatía con posibles víctimas, con la ciudadanía y con la institución.
La transparencia oportuna protege a la institución, a la ciudadanía y, paradójicamente, al propio funcionario, porque sustituye el rumor por hechos. En Huatulco, la falta de información y el mutismo oficial transformaron un accidente en una narrativa de desconfianza.
Aún hay tiempo de corregir: decir lo que se sabe, aclarar lo que se investiga y asumir que, en la vida pública, el silencio también comunica, y casi nunca a favor.
Ivette del Río














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