Alianza o traición
- Isaac Lagunes Leano

- 26 ago
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Columna: Al punto
Dado que si la justicia debe ser impartida de manera pronta, completa, expedita e imparcial me parecería incongruente hacer divisiones o distinciones entre las personas juzgadoras que se encargarán de hacerlo, en tanto que la Justicia como tal, no le pertenece a una persona o a un grupo en particular.

Existen diversos pasajes en la historia de la humanidad en la que frente a conflictos armados se generan alianzas, que al estar integradas por miembros de la comunidad o de la población que era atacada con sus agresores, muchas veces fue juzgada por la historia como traidores.
Ejemplos tenemos varios, sin embargo, para nuestro país uno de los más relevantes es la alianza que se generó entre los españoles conquistadores y los tlaxcaltecas, comunión a partir de la cual se logró la caída del imperio mexica.
Mucho se ha dicho en relación a los motivos o razones que tuvieron los tlaxcaltecas para unirse a quienes con el paso del tiempo constituirían el pueblo dominante, pasando incluso de aliados a sometidos.
Traigo a la mente dicha experiencia histórica, en virtud de que ha sido motivo de crítica reciente, a partir de la nueva integración del Poder Judicial Federal, la coincidencia entre las personas juzgadoras electas con aquellos denominados como carrera judicial, a partir de cursos o capacitaciones que se estén implementando para transitar hacia una nueva impartición de justicia con la entrada en vigor de la reforma constitucional del año pasado.
Debo decir que se ha cuestionado la participación de las personas juzgadoras nombradas como de carrera judicial en dichos cursos o capacitaciones, catalogándolas incluso de traidores y otros adjetivos, desconociendo la causa común que defendieron durante los movimientos sociales que se generaron con la reforma judicial, es decir, la impartición de justicia, pues en tal sentido se aduce que no debe compartirse el conocimiento adquirido durante el curso de la carrera judicial con las personas que llevarán a cabo la función de juzgar al haber sido electos.
Sin embargo, quien esto escribe se pregunta: ¿la justicia es propiedad de alguna persona o grupo en particular?
Interrogante que me formulo al observar las distintas opiniones que se desarrollan a partir del inicio de sus funciones de las personas juzgadoras electas, frente a la alegada “basta experiencia” de todos aquellos que ya se encontraban desempeñando dicha labor, y que por ende se identifican como integrantes de la carrera judicial, en tanto que es alegado que ello permitirá evidenciar las inconsistencias de la reforma, al comparar el trabajo de los distintos operadores de justicia, a partir de su origen.
Sin embargo, considero que tales agravios pasan por alto que el Poder Judicial de la Federación se constituye como un todo integrado por los miembros, que de ser el caso accedieron a los cargos mediante exámenes y ahora por aquellos que fueron electos de manera directa por la sociedad, pretender sostener que unos y otros no pueden coexistir y mucho menos apoyarse, constituye por decir menos, una incongruencia en la labor sustancial que desempeña el poder judicial federal.
Dado que si la justicia debe ser impartida de manera pronta, completa, expedita e imparcial me parecería incongruente hacer divisiones o distinciones entre las personas juzgadoras que se encargarán de hacerlo, en tanto que la Justicia como tal, no le pertenece a una persona o a un grupo en particular.
En ese sentido toda alianza que sea realice con el fin último de lograr una impartición de justicia pronta, completa, expedita e imparcial, debe de ser atendida respetada e incluso impulsada por todos los integrantes de la Judicatura, pues la justicia no es propiedad de unos cuantos sino de todos aquellos que al ostentar el cargo de persona juzgadora estará obligada para impartirla.
Al punto.
Las opiniones expresadas en esta columna son exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente la postura de Tinta Negra.













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