OPINIÓN| La defensa del "Derecho de Soñar"
- Alex Hernández

- 21 jun 2024
- 2 Min. de lectura
La metáfora idealizadora del escritor latinoamericano va mucho más allá de la simple retórica discursiva, plantea la necesidad de crear escenarios en donde nuestro interlocutor pueda visualizarse en cada uno de ellos.

El diario español El País fue depositario hace más de 27 de años de uno de los escritos más emblemáticos del periodista, escritor y poeta uruguayo Eduardo Galeano: “El Derecho de Soñar”.
En este, Galeano apuntaba de manera poética y precisa -tal como él mismo solo podía escribir- cómo, “aunque no podemos adivinar el mundo que será, bien podemos imaginar el que queremos que sea”.
Ante la reflexión de un utópico sentimiento que busca crear realidades alternativas, las cuales desembocan en un concepto importante en estos tiempos -para algunos populismo, para otros justicia-, el uruguayo acuña el “derecho de soñar”, un concepto que ante la revalorización del discurso como una de las herramientas prioritarias de cualquier figura política, hace que las audiencias puedan ser cautivadas de esta manera.
La metáfora idealizadora del escritor latinoamericano va mucho más allá de la simple retórica discursiva, plantea la necesidad de crear escenarios en donde nuestro interlocutor pueda visualizarse en cada uno de ellos. Escenarios propios de sus necesidades, oprobios y, por qué no, metas.
Es ahí donde la defensa del “derecho de soñar” toma relevancia para aquellos que lo único que les queda de esperanza, es justamente eso, los sueños. Porque ante la pérdida de credibilidad de todo lo demás, la defensa de este, que bien lo apuntaba Galeano, “no figura entre los treinta derechos humanos que las Naciones Unidas proclamaron a fines de 1948. Pero si no fuera por él, y por las aguas que da de beber, los demás derechos se morirían de sed”; se convierte en el combustolio para la lucha de las voces a las que nunca se les cumplió y poco se les ayudó a soñar con un país diferente.
Hacer imaginar al electorado con un mejor escenario, se ha convertido en el recurso por default para aquellos que invitan a “soñar” a la ciudadanía con un país con mejores servicios públicos, mayor seguridad o mejores empleos. Ya sea AMLO, Bukele, Trump o hasta el mismo Obama; este instrumento narrativo no es propio de izquierdas o derechas, la búsqueda de un “sueño” se ha convertido en el objetivo prioritario de la gente y la defensa de ese derecho, en la promesa de quienes los quieren cautivar.
Tal vez sea por eso que, en los pasados comicios, la reelección no fue una medida del todo aceptada, tal vez sea por la necesidad de ese “derecho de soñar” que impide que un gobierno en turno, pueda provocar la legítima sensación de que aún queda algo que defender.
Aún con todo esto ¿es acaso tan sencillo avocar al “derecho de soñar”? Hacen falta figuras que inciten a este irracional sentido de mantener encendida la vela de lo que puede ser, ya sea con la mera intención o con verdaderas acciones.
Sea cual sea el caso, hoy el electorado sigue insistiendo en CREER, en SOÑAR y en permitirse seguir buscando la defensa de delirar por un ratito.













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