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La justicia en tiempos de redes sociales

  • Foto del escritor: Isaac Lagunes Leano
    Isaac Lagunes Leano
  • 13 oct
  • 3 Min. de lectura
Columna: Al punto
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A partir de la entrada en funciones de las nuevas personas juzgadoras, ha sido noticia la labor que desempeñan, evidentemente por la importancia que ésta tiene para la sociedad. Sin embargo, a diferencia de lo que sucedía en etapas o periodos previos —en los que también se verificaron cambios sustanciales en la judicatura—, ahora contamos con la posibilidad de observar lo que ocurre al interior de los juzgados o tribunales mediante el uso de las redes sociales.


Al respecto, me permito poner a su consideración las siguientes reflexiones que, en opinión de quien esto redacta, deben advertirse al evaluar de manera objetiva la labor que actualmente lleva a cabo la judicatura federal.


Es importante destacar que la institución encargada de impartir justicia en México, a nivel federal, ha sido objeto de distintas modificaciones y adecuaciones a lo largo de los años. Esto implica que el cambio reciente no ha sido el único que ha transformado sus cimientos.


En ese sentido, he sostenido que con cada renovación la dinámica —en todos los aspectos humanos y materiales que la conforman— es objeto de múltiples cambios y adecuaciones, los cuales, invariablemente, no pueden ser previstos en su totalidad por el poder reformador de la Constitución. Ello se debe a que se trata de un organismo integrado por una multiplicidad de personas, distribuidas en distintas regiones del país, cada una con sus características particulares. Por lo tanto, parece inviable esperar que una reforma, aun de nivel constitucional, contemple todas las posibilidades y eventualidades que puedan generarse.


En ese contexto, debe reconocerse que, para poder verificar la idoneidad y eficacia de una reforma, no basta con implementarla. Es necesario que, con el paso del tiempo, se realicen las adecuaciones y se generen los cambios que paulatinamente se requieran. No se desconoce la importante labor que desempeñan las personas juzgadoras, ya que imparten justicia ante una diversidad de derechos involucrados en sus decisiones. Sin embargo, lo que se busca transmitir es que todo cambio requiere un periodo de adaptación.


Y aunque la indispensable labor de impartir justicia no puede detenerse, ello no implica que no deba existir un oportuno acompañamiento por parte de las demás instituciones del Estado, para que las nuevas personas juzgadoras puedan desarrollar su trabajo de la mejor manera posible, siempre velando por el bienestar de la sociedad.


Dicho esto, me parece que institucionalmente no se generaron todas las previsiones necesarias para transitar adecuadamente hacia una nueva integración del Poder Judicial Federal.


En segundo término, la existencia de las redes sociales, cuando se emplean de manera objetiva, permite a la ciudadanía conocer casi en tiempo real cualquier eventualidad o circunstancia que le cause agravio, perjuicio o incluso beneficio. Sin embargo, en este caso, dichas redes han sido utilizadas para exhibir la labor de las nuevas personas juzgadoras. Considero que ello no representa un uso provechoso para la sociedad, pues no permite conocer de manera completa los hechos o circunstancias que rodean una audiencia o actuación pública.


Más aún, muchas de las críticas se realizan únicamente con el objetivo de descalificar la función que desempeñan las nuevas personas juzgadoras, desconociendo —de manera intencionada— que con anterioridad también se emitían resoluciones de ese tipo, de manera oral y pública. Se emiten juicios críticos sin efectuar comparación alguna con lo que se hacía antes, a pesar de que en aquellas actuaciones también podían observarse diversas eventualidades, incluso tratándose de personas juzgadoras de carrera judicial, quienes tampoco estaban exentas de cometer errores.


La transparencia, cuando se utiliza de manera inadecuada, lejos de favorecer, puede demeritar la labor judicial, ya que pone en tela de juicio la actuación de las y los juzgadores sin contar con los elementos necesarios para evaluar su trabajo. Y, sobre todo, cuando se hace sin comparar con lo sucedido antes de la reforma, se genera un sesgo que impide apreciar en su totalidad los efectos y consecuencias de la misma.


En todo caso, lo que debería importar a la sociedad es conocer el sentido de las resoluciones y si éstas respondieron con justicia a los reclamos planteados. De ahí que el empleo de las redes sociales sin un objetivo claro poco abone a la estabilidad social y al bien común.


Las opiniones expresadas en esta columna son exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente la postura de Tinta Negra.

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